/Sortie—la_bala_en_la_piel.
Transpirantes las bajadas de la soledad. No la de no andar con otros, la de no saber como andar. El imaginario de la mirada de uno hacia sí. 
La locura no es enfermedad. Es el delirio de saber que se está sano. Se está a salvo. Es la culpa del bien acomodado. El jabalí cruza el campo, de noche, escapándose de los disparos que le acechan, siente miedo pues su comunidad ya no está. Han encontrado en la extirpe de la cerca salida, mientras quien parece será el sacrificado se la perdió.
El que muere para apaciguar al que mata se unge pues ha hecho de la vida de su comunidad posibilidad una vez mas.
La muerte en todos los contextos de vida humana se hace no solo presente pero central.
La vacuna para la soledad es mas soledad.
La vacuna para la tristeza es la avaricia. 
La avaricia mata seguro. Pero segura es la muerte así que mas bien mata a prisa. 
La muerte, a largo plazo, es bienestar. 
Estrella de la salada caleta en la que su familia fincó su hogar. En la arena movediza de este golfo decidió el presidente municipal poner en evidencia la materia inerte de sus años de servicio. Ahorró con avaricia mientras otros desvalijaron en la cantina su soledad.
Despierta, mi bien, despierta. Ya se acabo la fiesta, ahora lo que queda es puritita soledad. Estaca al corazón, vampiro hambriento, tranza de hule, movida turbia del galán.
Escapar la noche y de regreso a la realidad delirar. Estribos bien puestos, muelas jodidas, zapatos nuevos, mar de plata pa’ gastar. De los descuidados, los inconmovidos sanan al ver la fervencia del peso y el malestar de labrar día a día vida, sin estrategia, sin malicia, sin recatos de bondad.
Malestar eterno y duradero pareciera el incierto modelo que hace frambuesa la libertad. En la ONU se destaja nada. Se recita el futuro y el pasado ha quedado despacio y frecuentemente endulzado por los vicios de la asamblea. Existen modos, tipos y casos raros por estudiar, pero lo que queda claro es que al habitar este planeta, en enjambrosa categoría de ser humano, la culpa emana a diario de mi tan porosa y polvorienta voluntad.
Cuentas pasan por las manos de tantos contadores antes de contar con lo adecuado para mandar.
Manos pasan por las formas de domar a quienes se juntan dentro de círculos pequeños, relojeros, espurios momentos en pos de que el arte y la vida ya no tienen voluntad. 
Queda la desgracia de despojar los tiempos del despellejado porte, estampado torero, muchacho intercambiando lucha por gloria en un corral.
Mueren los hombres, mueren las mujeres, mueren todas las causas, muere el toro sangrado y ensangrentado. Se inhalan las reliquias que se archivan en toda facultad. 
Aprender es el legado de los pobres, a los ricos les tocó contratar.
Tiempo terso, universo imposible, somos muchos, tantos y tan tantos, que no sabemos llorar. Lloré una muerte, dos o tres descalabros y nada mas. El resto ha sido soberbia fingida. Inteligencia artificial. 
Morir a gatas.
Vivir a pie.
Sentir de espalda 
la bala en la piel.